Desde hace muchos años, casi al mismo tiempo que estaba finalizando mis estudios de Ciencias Médicas, comencé a preocuparme por el creciente incremento de la desafección empática de muchos de mis futuros colegas por el trasfondo del espectro sintomático presentado por el paciente. Quizá por considerarlo “causas menores” y no con la suficiente claridad clínica como para alcanzar la categoría de preocupante estado de salud, pero la cuestión es que son muy pocos los profesionales médicos que tienen la voluntad y oportunidad de prodigar, al paciente, una atención pormenorizada y con profundos objetivos clínicos; es decir, encuadrar los síntomas y signos dentro de una determinada patología y perseguir, así, el tratamiento de la causa de la misma.

Lo que durante muchos años pude comprobar tanto en los servicios de urgencias como en clínica, donde me desempeñe durante algunos años, vi que se hacía extensivo a otras profesiones sanitarias.

Posteriormente mi profesión fue tornando desde la medicina convencional hacia la fisioterapia, la rehabilitación y osteopatía…lo que muchas veces resumo como Terapias Manuales, simplemente. Curioso resulta ver como la fisioterapia, que en sus orígenes, resultaba meramente complementaria a la medicina física, también fue tornando desde la aplicación  técnica de medios físicos a la actualidad donde los mismos muchas veces hasta son de uso desconocido por muchos fisioterapeutas. Hemos pasado en pocos años del uso exclusivo de aparatología de todo tipo con un “premio de diez minutos” de contacto manual con el paciente a una nueva realidad de aplicación de diversas técnicas manuales y una casi antipatía por tales medios físicos.

Sin embargo, el conocimiento que tengo del funcionamiento de varias clínicas de fisioterapia en Bilbao, derivado de mi actividad formativa de fisioterapeutas muchas veces “in situ”, me da el respaldo de elaborar una apurada estadística sobre el uso actual de medios físicos vs. terapia manual, y sigo constatando una clara preponderancia de los primera sobre la segunda. En fin, en algunos sitios no pasan los años…