Desde tiempos inmemoriales el
hombre siempre se ha valido de los elementos que
le ofrecía la naturaleza para mitigar sus
dolencias. Existen, a propósito de esto,
incontables registros históricos y datos
arqueológicos que dan cuenta de práctica
de técnicas curativas en las que solo se
utilizaba las manos. Desde escritos milenarios
en los que se explican detalladamente los procedimientos
manuales para aliviar dolores, aplicación
de agujas de acupuntura, disolución de
tinturas vegetales curativas hasta los días
de hoy, en los que se busca un alivio a las tensiones
de la vida moderna, siempre estuvieron presentes
las terapias manuales.
Existe un sinnúmero de técnicas
que como resulta obvio cada cual lleva un nombre
distinto según el criterio del primero
que la diseño. Algunas de ellas cuentan
con un gran consenso dentro de los terapeutas
manuales y otras poco a poco caen en el agujero
negro de las técnicas sin fundamento. Resulta
tentador pensar que cuantas más técnicas
manejamos en mejores terapeutas nos convertimos
o al menos obtenemos un mayor número de
diplomas y con ello un presunto prestigio. Sin
embargo como en muchos casos no es la cantidad
lo que cualifica a un terapeuta manual. Casi constantemente
las terapias manuales se ven desprestigiada por
profesionales no formados adecuadamente. La eficacia
de la mayoría de las terapias manuales
depende en gran medida de la competencia de los
profesionales, incluidos sus conocimientos técnicos
y experiencia.
En el último decenio ha renacido el interés
por las terapias manuales y por los efectos que
estas producen, desde sedativos hasta analgésicos,
desde reconfortantes hasta mitigadoras; sea cual
sea el efecto logrado y en muchos casos sin una
explicación satisfactoria, es indudable
que cada vez son mas solicitadas y cada vez son
mas los países que las incorporan dentro
de sus planes de salud. La
Organización Mundial de la Salud,
en su informe del 31 de Marzo de 2003, aboga por
su incorporación en dichos sistemas sanitarios.
Fabián Picco
Director del ITM
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