Según el diccionario de
ciencias medicas Stedman (25ª. Edición)
el estrés se puede definir como:
1. Reacciones del
cuerpo animal a fuerzas deletéreas (dañino,
nocivo, perjudicial), infecciones y diversos estados
anormales que tienen a perturbar su cuerpo como
resultado de una fuerza aplicada externamente.
2. En odontología,
las fuerzas creadas en los dientes, sus estructuras
de soporte y los elementos que restauran o reemplazan
a dientes, como resultado de la fuerza masticatoria.
3. Fuerza o presión
aplicada o ejercida entre porciones de uno o más
cuerpos, generalmente expresada en libras por
pulgada cuadrada.
4. En reología,
fuerza de un material transmitida por unidad de
superficie a las capas adyacentes.
5. En psicología,
estimulo físico o psicológico que,
al chocar con un individuo, produce tensión
o desequilibrio. También suele hacer referencia
a ciertos acontecimientos en los cuales nos encontramos
en situaciones que implican demandas fuertes para
el individuo, que puede agotar sus recursos de
afrontamiento.
El estres puede ser definido como el proceso
que se inicia ante un conjunto de demandas ambientales
que recibe el individuo, a las cuáles debe
dar una respuesta adecuada, poniendo en marcha
sus recursos de afrontamiento. Cuando la demanda
del ambiente (laboral, social, etc.) es excesiva
frente a los recursos de afrontamiento que se
poseen, se van a desarrollar una serie de reacciones
adaptativas, de movilización de recursos,
que implican activación fisiológica.
Esta reacción de estrés incluye
una serie de reacciones emocionales negativas
(desagradables), de las cuáles las más
importantes son: la ansiedad, la ira y la depresión.
Muchas veces ansiedad y estrés se usan
como sinónimos, entendiendo en ambos casos
un mismo tipo de reacción emocional, caracterizada
por alta activación fisiológica.
Sin embargo, existen tradiciones diferentes a
la hora de estudiar ambos fenómenos. El
estrés es un proceso más amplio
de adaptación al medio. La ansiedad es
una reacción emocional de alerta ante una
amenaza. Digamos que dentro del proceso de cambios
que implica el estrés, la ansiedad es la
reacción emocional más frecuente.
Muchos estímulos o situaciones pueden provocar
en el individuo la necesidad de movilizar recursos
para dar respuesta a las demanda de dicho estímulo,
o para volver al estado inicial de equilibrio
en el que se encontraba inicialmente. Al estímulo
le llamamos estresor, o situación estresante.
Cuando estas respuestas se realizan en armonía,
respetando los parámetros fisiológicos
y psicológicos del individuo, es adecuado
en relación con la demanda y se consume
biológica y físicamente la energía
dispuesta por el Sistema General de Adaptación,
adoptamos el concepto de “estrés”
como “eustrés”.
Cuando por el contrario las respuestas han resultado
insuficientes o exageradas en relación
con la demanda, ya sea en el plano biológico,
físico o psicológico, y no se consume
la energía mencionada, se produce el “distrés”,
que por su permanencia (cronicidad) o por su intensidad
(respuesta aguda) produce el Síndrome General
de Adaptación.
Hasta llegar a la enfermedad de adaptación
o enfermedad psicosomática por distrés,
el sistema deberá pasar por las fases de
alarma, resistencia y agotamiento.
Habrá causas o factores condicionantes
y la evaluación y atribución del
estresor como amenaza y las respuestas elegidas
darán lugar a la resolución o cronicidad
del distrés La angustia como respuesta
psicológica, la vía elegida (autonómica
o neuroendócrina), la manifestación
somática de la angustia en los sistemas
del organismo, llevarán a la enfermedad
psicosomática por claudicación o
agotamiento del sistema u órgano afectado.
Qué entendemos por estrés laboral?
Si aplicamos el concepto al ámbito de
trabajo de los individuos, podríamos ajustar
la definición de estrés como “el
desequilibrio percibido entre las demandas profesionales
y la capacidad de la persona para llevarlas a
cabo”.
Es precisamente el concepto de subjetividad individual,
de percepción acorde con la personalidad,
lo que genera las mayores discusiones entre los
especialistas en cuanto a las repercusiones jurídico-laborales
del estrés como enfermedad profesional
o laboral.
No todos reaccionan de la misma forma: así,
por ejemplo, si la exigencia es adecuada a la
capacidad, conocimiento y estado de salud de la
persona, el estrés tenderá a disminuir
y podrá tener signos positivos, estimulantes,
que le permiten hacer progresos en el ámbito
de trabajo, mayor proyección en el mismo
con gratificación personal, espiritual
y material.
Por el contrario, una inadecuación entre
demanda y adaptación generará mayor
distrés, en forma crónica e invalidante,
con angustia, desesperanza, indefensión
y agotamiento.
Así, una valoración cuantitativa
del volumen del trabajo individual podrá
generar un estrés agradable y motivador
o un estrés debilitante de las capacidades
y valoraciones personales, como así también
la ausencia del mismo, el desempleo o la jubilación
podrán provocar un grado extremo de indefensión
y distrés.
Para la valoración cualitativa entrarán
en juego los valores, experiencias, personalidad,
situación social, el grado de objetividad
y subjetividad del individuo para percibir o atribuir
como amenazante una determinada situación
(estrés atribucional) y responder con todas
las respuestas psicobiológicas con que
cuenta el organismo.
Uno de los mecanismos de respuesta, previa valoración
de un estresor, es la lucha o la huida. Si estas
situaciones de estrés se dan en el plano
laboral (como la inseguridad, la competencia,
la búsqueda de eficacia), nos encontramos
con que no podemos luchar con el gasto energético
correspondiente ni tampoco, teóricamente,
responder con la huida (escapar del distrés).
Es claro que la huida en el ámbito laboral
es el ausentismo, que junto con las enfermedades
laborales son índices elocuentes de la
repercusión del estrés organizacional
sobre los trabajadores.
La Organización Internacional
del Trabajo (OIT) se refiere al estrés
laboral en los siguientes términos: “Esta
enfermedad es un peligro para las economías
de los países industrializados y en vías
de desarrollo. Resiente la productividad, al afectar
la salud física y mental de los trabajadores”.
Así, la OIT
sostiene que “las empresas que ayuden a
sus empleados a hacer frente al estrés
y reorganicen con cuidado el ambiente de trabajo,
en función de las aptitudes y las aspiraciones
humanas”, tienen más posibilidades
de lograr ventajas competitivas.
Son cuantiosos los gastos y pérdidas derivadas
por el costo del estrés; aumentan año
a año, generalmente determinados por crecientes
índices de ausentismo, baja productividad,
accidentes profesionales, aumento del lucro cesante,
y lo que es más importante, la incidencia
sobre la salud mental y física de los individuos,
que si bien podrán ser cuantificados por
los gastos en salud, internaciones, etcétera,
son en realidad invalorables, por cuanto la calidad
de vida y la vida en sí misma no deben
tener índices, baremos o tablas de indemnización.
Existen dos tipos de estrés laboral: el
episódico (un despido, por ejemplo) y el
crónico, que se puede presentar cuando
la persona se encuentra sometida a las siguientes
situaciones:
Qué aplicaciones tiene?
Ambiente laboral inadecuado |
 |
Sobrecarga de trabajo. |
 |
Alteración de ritmos biológicos. |
 |
Responsabilidades y decisiones muy importantes. |
 |
Estimulación lenta y monótona. |
Desde la entrada en vigor de la Ley
de Prevención de Riesgos Laborales,
en 1995, se ha dado un impulso a los aspectos
relacionados con la Salud Laboral, entre los factores
desencadenantes de distintos problemas de salud,
deterioro de las relaciones interpersonales, absentismo
y disminución de la productividad, se encuentra
el estrés.
La Comisión Europea,
a través de la Fundación
Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida
y Trabajo (1999) ha realizado un estudio
sobre el estrés laboral en el que concluye
que el 28% de los trabajadores europeos padece
estrés y el 20% burnout (se sienten "quemados"
en su trabajo), siendo los sectores más
afectados los trabajos manuales especializados,
el transporte, la restauración y la metalurgia.
Los altos costes personales y sociales generados
por el estrés laboral, han dado lugar a
que organizaciones internacionales como la
Unión Europea y la OMS
insistan cada vez más en la importancia
que tienen la prevención y el control del
estrés en el ámbito laboral.
En los últimos diez años, el estrés
laboral ha sido identificado de forma reiterada
en la Unión Europea
como una de las principales preocupaciones en
el lugar de trabajo, lo cual supone un desafío
no sólo para la salud de los empleados
sino también para el «bienestar»
de las empresas.
En las encuestas realizadas por la Fundación
Europea en 1996 y 2000 sobre las condiciones
de trabajo, un 28 % de los trabajadores afirmó
tener problemas de estrés, una cifra superada
únicamente por las afecciones musculoesqueléticas
(30 % y 33 % respectivamente). Además,
los estudios efectuados en la UE
y en otros lugares (Cox et al., 2000) sugieren
que entre el 50 % y el 60 % del total de los días
laborales perdidos está vinculado al estrés.
Ello representa un enorme coste en términos
tanto de daño humano como de perjuicio
al rendimiento económico. Además
de las graves repercusiones sobre la salud mental
y física de los trabajadores, el impacto
del estrés laboral es evidente en los «síntomas
organizativos» como el alto nivel de absentismo
y de rotación de personal, el bajo rendimiento
en materia de seguridad, el desánimo de
los empleados, la falta de innovación y
la baja productividad.
Así pues, el reto del estrés laboral
ha ido cobrando cada vez mayor relevancia en los
medios de comunicación y en la opinión
pública de todo el mundo desarrollado.
Los legisladores comunitarios y nacionales han
tratado de instaurar medidas para proteger la
salud de los trabajadores y así mejorar
la eficiencia de las empresas.
La Directiva 89/391/CEE del Consejo, así
como la legislación necesaria en el ámbito
de los Estados miembros, sitúan claramente
el estrés laboral dentro del marco jurídico
de la seguridad y la salud en el trabajo. Permiten
albergar esperanzas de que se abordará
del mismo modo lógico y sistemático
que otras cuestiones de salud y seguridad mediante
la aplicación del modelo de gestión
de riesgos, haciendo hincapié en la prevención.
El estrés laboral representa evidentemente
un importante problema, pero a veces se da la
falsa impresión de que ese «estrés»
es un fenómeno subjetivo difícil
de definir y tratar. Ello, a su vez, puede dejar
desamparados desde el punto de vista emocional
tanto a los empresarios como a los empleados que
se sienten inseguros en cuanto a lo que necesitan
hacer para abordar el problema. De hecho, aunque
los especialistas abordan este problema desde
perspectivas ligeramente diferentes, la mayor
parte de ellos comparte el mismo marco conceptual
básico a la hora de definir y tratar el
estrés.
Las personas experimentan estrés cuando
sienten que existe un desequilibrio entre lo que
se les pide y los recursos personales y del entorno
que poseen para satisfacer esa demanda. Este vínculo
entre demanda y recursos puede moderarse en gran
medida mediante factores como el apoyo social
-tanto en el trabajo como fuera del mismo- y el
control sobre el trabajo.
Aunque el proceso de evaluar tanto la demanda
como los recursos («valoración»)
es psicológico, los efectos del estrés
no son meramente psicológicos por naturaleza.
Pueden afectar también a la salud física
y social, a la innovación y a la productividad
(véase Kawakami & Haratani, 1999; Kristensen,
1996; Stansfeld et al., 1999; Devereux et al.,
1999).
El estrés puede también comprometer
otros aspectos de la conducta en el trabajo, como
la seguridad (expuesto por el Dr. Jason Devereux
en el número 3 de esta revista: Prevención
de los trastornos musculoesqueléticos de
origen laboral). Está relacionado asimismo
con la experiencia e información sobre
los trastornos musculoesqueléticos de origen
laboral. Pensamos que el comprender las causas
del estrés laboral es importante no sólo
en sí mismo, sino también como un
modo de resolver los problemas musculoesqueléticos
y el de los accidentes laborales.
Síntomas que pueden
detonar el Estres Laboral
El estrés, además de producir ansiedad,
puede producir enfado o ira, irritabilidad, tristeza-depresión,
y otras reacciones emocionales, que también
podemos reconocer. La reacción más
frecuente cuando nos encontramos sometidos a una
reacción de estrés es la ansiedad.
Los síntomas de ansiedad
más frecuentes son:
1. A nivel cognitivo-subjetivo:
preocupación,
temor
inseguridad
dificultad para decidir,
miedo
pensamientos negativos sobre uno mismo
pensamientos negativos sobre nuestra actuación
ante los otros,
temor a que se den cuenta de nuestras dificultades,
temor a la pérdida del control,
dificultades para pensar, estudiar, o concentrarse,
etc.
2. A nivel fisiológico:
sudoración,
tensión muscular,
palpitaciones,
taquicardia,
temblor,
molestias en el estómago,
otras molestias gástricas,
dificultades respiratorias,
sequedad de boca,
dificultades para tragar,
dolores de cabeza,
mareo,
náuseas,
molestias en el estómago,
tiritar, etc.
3. A nivel motor
u observable:
evitación de situaciones temidas,
fumar, comer o beber en exceso,
intranquilidad motora (movimientos repetitivos,
rascarse, tocarse, etc.),
ir de un lado para otro sin una finalidad concreta,
tartamudear,
llorar,
quedarse paralizado, etc.
Pero además de estas reacciones emocionales
podemos identificar claramente otros síntomas
producidos por el estrés, como son el agotamiento
físico, la falta de rendimiento, etc.
Finalmente, si el estrés es muy intenso
y se prolonga en el tiempo, puede llegar a producir
enfermedades físicas y desórdenes
mentales, en definitiva problemas de salud.
Fuentes consultadas:Agencia
Europea para seguridad y salud en el trabajo.
Sociedad Española para el estudio de la
angustia y el estrés.
Dr. Oscar Slipak ( Almacedon 19 Nª 4 1996).
Diccionario de Ciencias Medicas Stedman 25ª
Edición.
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